Hoy empieza 2018. Como todos los años estos días de fiesta no se si sumarme a la celebración general o quedarme como me apetece más en casa a “invernar”… pues realmente aunque nuestro calendario anuncia un giro más alrededor del sol la verdad es que estamos al comienzo del invierno, sí, porque aunque sea el inicio del crecimiento de los días que culminará en el solsticio de junio, aún queda lo más crudo del año, la estación más dura, quizás, para la mayoría de nosotros, en la que las inclemencias del clima nos obligan a consumir más energía para calentarnos y sobrevivir.

Una estación donde la naturaleza nos obliga a consumir muy poco, lo justo para mantenernos, con poca luz fuera para pasar más tiempo dentro del hogar, descansando o laborando lo más laborioso: artesanía, alimentos procesados… pasando más tiempo con los nuestros, la familia…al fuego del hogar. Sí, es fácil imaginar la escena durante miles de años, en los que nuestros organismos se adaptaron con el mínimo gasto energético. Como la propia naturaleza, que alguna razón tendrá para hacerlo así, me parece a mí… Un momento del ciclo solar de parar, de meterse hacia adentro, de silenciarse, porque justamente hay menos sol, calor y energía para sobrevivir, por lo que el gasto hay que reducirlo al máximo.

Y es justo lo que ahora mismo, en nuestra sociedad hiperevolucionada, no hacemos nadie. Vamos a contra corriente de lo que es natural, de lo que nuestros organismos conocen aunque los acallemos: consumo salvaje de cosas, alimentos, energía tecnológica, luz y energía emocional, mental y física, consumiendo horas y horas de cualquier cosa que excite nuestros sentidos…. agotándonos, chupándonos, extenuándonos, no solo en el aspecto material, si no en el mental, el espiritual y también en el moral. No me extrañada nada que enfermemos, que las epidemias de gripes y otras cosas invadan nuestros cuerpos… porque nuestras almas parecen ya invadidas por estos monstruos con piel de cordero.

Para mí ya basta. Y, sí, tengo tentaciones: mi negocio tiene que sustentarse, necesito vender los productos de la tienda, tener clientela que venga y consuma. E, incluso aunque lo que tengo en las estanterías cumple con los requisitos básicos morales: bueno, verdadero y bello, algo en mí se rebela y le cuesta mucho seguir el mandato social: consume, gasta, usa, regala… consume:  ¡Consumid, consumid malditos!

No lo llevo. Me puede la conciencia de saber que sí, por supuesto que es agradable regalar, y más las cosas buenas, verdaderas y bellas que vendo en mi tienda, pero ¿a costa de qué?. ¿A qué obedece este paroxismo de gasto? ¿No podemos reflexionar un poco y plantearnos nuestras conductas? Porque pronto no habrá nada que plantearse, nuestro consumo actual pronto terminará con el planeta, porque a este ritmo no habrá este consumo para todos los habitantes planetarios…. y todos lo queremos….todos los países emergentes quieren su parte del pastel del “bienestar”…. Si, por supuesto que podríamos repartir la abundancia que nos sobra entre todos los que la necesitan, y habría para todos… pero no para llegar a los niveles de consumo de cualquiera de nosotros cada navidad…¡consumiríamos varios planetas como el nuestro en una sola fiesta! Solo los necios gastan sus provisiones para sobrevivir en una fiesta con borrachera…. y aquí estamos, en un planeta azul donde los necios somos todos. Porque puedo acusar a este empresario, a aquel magnate, a quién quiera, pero quién consume soy yo.

Así que en este comienzo de año, una vez más reflexiono, esta vez en voz alta, sobre las necesidades ficticias que nos inculcan a través del control social (el sibilino qué dirán), y deseo que este año seamos muchos más los que no nos dejemos vencer por el miedo a ser diferente, que la presión de ir contracorriente no mine nuestra fuerza interior, nuestra autoestima, en la certeza de que podemos consumir lo justo y necesario para estar bien, nosotros y el planeta. Pero no más.

Deseo que encuentres ese lugar interior, cálido y confortable, en agradable compañía o soledad, lo que prefieras y necesites, donde pasar los próximos días del invierno cultivando tu vida interior, nutriendo tu semilla de fe y esperanza en que la luz del sol, cuando aparezca, la hará crecer y florecer, para que la vida se muestre y te haga partícipe de su milagro. En este planeta azul.

Feliz Año 2018.

Sheila Minguito García.

 

 

 

 

 

Si te ha gustado, por favor, comparte!
Share on FacebookGoogle+Tweet about this on TwitterPin on PinterestEmail to someone