Todos los Santos.
Hoy termina el verano.
Terminan los 6 meses de la luz.
El lado luminoso y caliente (yang) del año natural.
Acaba el Reino del Día.
Mañana comienza el invierno.
Comienzan los 6 meses de la oscuridad.
El lado oscuro y frío (yin) del año natural.
Empieza el Reino de la Noche.
Desde mañana hasta el 25 de diciembre entramos en las horas más oscuras de todo el año.
En nuestra cultura las evitamos.
Encendemos luces artificiales para no entrar en esa oscuridad tan maldecida por la religión judeocristiana que hemos erradicado la frecuencia yin de nuestras vidas.
Si somos mujeres, la naturaleza profunda de nuestra esencia femenina es esa oscuridad.
Los antiguos conocían la grandísima importancia de esa oscuridad y ese frío.
Cuanto más negra es una tierra más fértil es.
Las semillas solo germinan dentro de esa oscuridad.
Los bebés solo se gestan dentro de esa oscuridad.
Hoy damos bienvenida a esa oscuridad
Hoy es la Noche y mañana el Día de Todos los Santos y los celebramos en el festival más antiguo de toda la Europa precristiana.
En este cambio natural pero profundísimo de la energía luminosa a la energía oscura lo terrestre y lo celeste se tocan.
El tiempo se para.
Se abre un umbral.
Podemos comunicarnos con el otro lado.
Hablar con nuestros queridos ancestros que pueden venir a visitarnos y cuidarnos.
Samaín es el nombre celta de esta festividad que aún perdura en el norte peninsular.
Esta noche las barreras del tiempo se disuelven y los miembros de la tribu vivos y muertos pueden reencontrarse.
La fiesta ha sido tan importante en nuestra cultura que la religión católica la asimiló con el mismo significado, solo le cambió el nombre.
Pero ahora la llamamos Halloween y disfrazamos a nuestros hijos de calaveras, fantasmas, muertos vivientes y zombies.
Nadie les explica que los muertos que deberíamos honrar no dan miedo.
Que no son fantasmas ni apariciones.
Son los queridos que se han ido y con los que podemos hablar desde el corazón.
Los protectores de la casa y los guardianes familiares.
No hay porque renegar de la diversión pero ¿por qué renegar del conocimiento de dónde venimos y del amor que nos trajo aquí?
Esta noche, en la antigüedad los vivos debían recibir con amor y hospitalidad a los que llegan del Otro Lado.
Para ello se enciende una vela en el marco de una ventana, para iluminar el camino de regreso a casa.
¿No me digas que no emociona?
Claro que nadie dijo que esa vela no podía estar dentro de una calabaza o un nabo, como se hacía antiguamente y que ahora se ha rescatado por jalogüin.
Hay muchas más preciosas costumbres que forman parte de nuestro arraigo cultural.
Marianna García Legar* las recoge en su libro LA RUEDA DE IZPANIA, de donde he extraído la idea global que intento transmitir en este correo.
Ella ha sido la primera que me ha aclarado una duda que venía teniendo al observar los ritmos del sol y las estaciones.
Gracias a su trabajo de La Rueda del Año, donde fusiona el concepto yin/yang con las celebraciones estacionales de nuestra cultura, he podido ver con claridad los ritmos naturales que nos traspasan y de los que en una ciudad apenas somos conscientes.
Estos ritmos son cruciales para cuidar nuestra salud física, emocional, mental y espiritual.
Por eso necesitamos recuperarlos y fluir con ellos conscientemente.
Bienvenida la Oscuridad.
Feliz Noche y Día de Todos los Santos.
Besos y flores de Crisantemos.
Sheila Minguito.
*Puedes encontrarla aquí: https://www.doñaloba.es/




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