¿Alguna vez sentiste que alguien te miraba y te giraste para comprobar que así era?

Y es una sensación tan sorprendente cuándo tú eres observada como cuándo tú observas y ‘te pillan’ haciéndolo.

A mí me ocurrió hace poco; iba caminando detrás de una adolescente que tenía una melena preciosa, morena, lustrosa y sana, y mientras pensaba “qué pelo tan bonito” ella se giró hacia atrás para mirarme.

Un instante.

Y se volvió de nuevo, tan rápido que apenas se notó.

Pero me sobresalté porque no esperaba que sintiese mi mirada. Y menos aún que me la devolviese.

Me sentí una invasora.

Sin quererlo.

Sentido de ser observados

 

perro mirando a una mujer con zapatos de tacón

 

Rupert Sheldrake, el biólogo de los campos morfogenéticos, en su libro “La Mente Extendida” dedica un capítulo entero a los experimentos realizados sobre el sentido de ser observado.

Dice que a pesar del tabú que hay sobre este tema se han desarrollado experimentos que evidencian que podemos decir cuándo estamos siendo observados con medios que no pueden explicarse con los sentidos.

¿Quizás esta capacidad pudiera ser un elemento de auto-protección ante amenazas que escapan a nuestros ojos?

Es una probabilidad.

Pero volviendo a mi experiencia, yo no resultaba una amenaza para la joven. Más bien lo contrario, ya que estaba admirando su belleza.

Uno de mis maestros me sorprendió en una clase cuando nos explicó cómo el ego no puede diferenciar cuándo una amenaza viene de fuera o viene de dentro.

Sí, de nosotros mismos.

Porque nuestra estructura egóica está ahí para ayudarnos a vivir pero aún no está suficientemente desarrollada para distinguir correctamente cuándo hay una amenaza de cuándo no la hay en las interrelaciones humanas.

Las percepciones y sensaciones forman parte de nuestro inconsciente y son filtradas por nuestra estructura egóica hasta que llegan a la consciencia. Si llegan.

Por eso sin crecimiento personal no podemos sentirnos seguras.

Distinguir las amenazas reales de las irreales se logra a medida que afrontamos nuestra compleja realidad y vamos desgranando poco a poco nuestra personalidad mientras la conectamos con nuestra esencia.

El trabajo con las amenazas es importante para caminar tranquila por la vida, para estar a gusto con nosotras mismas a pesar de todas nuestras fallas.

La coherencia entre nuestro corazón y nuestra mente es una herramienta muy útil para que nuestro ego no actúe en todas las ocasiones como si hubiese amenazas por doquier.

 

Miradas que matan

 

chica joven mirándose a un espejo de mano

 

 

Y muchas veces la amenaza está justo delante de ti. En el espejo.

Si esta muchacha pudo percibir mi mirada, como quizás te haya pasado también a ti, es porque algo emití.

“Hay miradas que matan”; “me derretí con su mirada”; “la mirada de un niño”; “una mirada no miente”; “el brillo de sus ojos”; “mirada cargada de odio”; “la mirada del alma”; “ si no entiendes una mirada, tampoco entenderás una larga explicación”; “besar con la mirada”; “los ojos confiesan los secretos del corazón”; “el resplandor de tu mirada”; “mirada avasalladora”…

¿Sigo?

Todos conocemos esta doble función de nuestros ojos: cuando ven y cuando miran.

Si somos receptores de una información, la función vista se pone en marcha y captamos una parte de la realidad.

Pero si somos emisores, es la realidad exterior la que recibe nuestra información.

Como me pasó con la muchacha, que recibió una información que partía de la mirada de una semejante: yo emití y ella recibió.

¿Te haces una idea de lo que puede ser emitir en el espejo una mirada de desagrado hacia ti misma y recibir esa misma mirada a la vez?

Es indudable que tu ego recibirá esa mirada como una amenaza y responderás ante ti misma con un conflicto sin fin porque una parte de ti se pondrá a la defensiva sin poder evitarlo.

Este grano, arruga, mancha… estos pelos, este culo, estas orejas, la nariz o las tetas…

Todo se pone bajo una mirada escrutadora, moldeada por nuestra personalidad social en unos moldes estrechos, falsos y ajenos que han fraguado en nuestro programa interno la creencia de que lo que vemos es desastroso y no merece amor.

No merecemos una mirada amorosa. Ni siquiera de nosotras mismas.

Esa que da igual lo que vea, porque no está recibiendo información sino que la está emitiendo…

Que está emanando amor porque no hay nada que desechar, rechazar u obviar, ya que el cuerpo (físico y energético) humano es la cumbre de la belleza y de la vida.

Sobre todo el propio, sin el que no estaría escribiendo esto ni tú leyéndolo.

Cuando amas a alguien no lo haces por su supuesta belleza exterior. Sino creo que solo serían amados en nuestro primer mundo Paul Newman o Brad Pitt, o Elizabeth Taylor, o Charlize Theron (por ejemplo;)).

Pero tú amas a muchas personas que no tienen esas formas exteriores que consideramos bellas.

Y las amas igualmente, o precisamente por eso las amas.

A tus familiares, amigos, tu perro o tus plantas…

Pero a nosotras mismas no nos miramos igual. No emitimos miradas amorosas cuando nos ponemos delante de un espejo.

Mírate 2 veces

 

mujer madura mirándose al espejo

 

¿Te sonará Dove, verdad? ¿Qué cómo aludo aquí a una empresa de cosméticos convencionales llenos de tóxicos y petróleo?

Porque la estrategia de marketing que desarrollaron en 2004 transformó la mirada que hasta entonces las mujeres habían tenido sobre este tema y en una investigación con mujeres de varios países concluyeron que:

    • Sólo el 4% de las mujeres de todo el mundo se considera guapa
    • Sólo el 11% de las niñas a nivel mundial se sienten cómodas describiéndose como guapas
    • El 72% de las adolescentes sienten una enorme presión para ser guapas
    • El 80% de las mujeres están de acuerdo en que cada mujer tiene algo especial que las hace guapas pero no saben apreciar su propia belleza.
    • Más de la mitad de las mujeres a nivel mundial (54%) están de acuerdo en que cuando se trata de cómo se ven a sí mismas, son su peor crítico

Esto sí que es una pandemia: desde entonces no ha cambiado mucho y el 96% de las mujeres del mundo no se ven guapas cuando se miran en el espejo (suponiendo que tengan uno, pues aquí también entran todas las mujeres del tercer mundo).

Y el 54% cuando se miran al espejo tienen un conflicto entre la mirada que emiten y la que reciben, de sí mismas hacia sí mismas.

Y…

¿Qué fue antes el huevo o la gallina?

¿Primero nos miramos mal y después nos vemos peor? O ¿primero nos vemos mal y nos miramos peor?

Los niños pequeños crecen con la mirada amorosa (o no) de sus padres. Crecemos introyectando cómo nos han mirado.

Y después lo emitimos cuando empezamos a distinguirnos en el espejo.

Así que para poder cambiar esa mirada necesitamos mirarnos 2 veces.

    1. La primera como siempre. Y después cierra los ojos.
    2. Conecta con la mirada del amor y al abrirlos de nuevo emite esa mirada al reflejo del espejo: la segunda mirada.

La que transmite al exterior quienes somos y lo que hay dentro de nuestro corazón. Y lo transforma todo.

Mírate con amor.

Besos y flores frescas.

Sheila Minguito.

 

 

×

¡Hola!

Nuestro horario de atención al cliente es de Lunes a Viernes: 10.30 a 13.30 y 16.30 a 20.00h. Te responderemos lo antes posible dentro de este horario. Recuerda que también puedes escribirnos a: eco@aguadeflores.es

× ¡Hola! ¿Te ayudamos?