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Activa tus defensas emocionales conociendo las 4 emociones que alteran todo tu Sistema Inmunitario y empieza a equilibrarlas en tu día a día para subir tus defensas integrales.

El momento colectivo por el que estamos pasando pone a prueba todos nuestros recursos y saca a flote aquellas partes de nosotros que necesitan luz y atención.

Cuidar tus emociones es un paso fundamental para tu Salud Integral.

Como ya te he ido contando en los anteriores post el Sistema Inmunitario es un todo que involucra tanto células como órganos, sistemas y procesos psico-físicos y vibratorios.

Entrar en este apasionante mundo de la interrelación entre emociones, mente y cuerpo te ayudará a cultivar tu Salud Integral.

Hoy voy a contarte cómo puedes empezar a mejorar tu estado emocional para frenar el estrés y subir tus defensas integrales.

¿Emociones positivas o negativas?

 

Sentir una emoción debería ser como sentir una ola: va apareciendo, se incrementa, llega a un tope y después comienza a disminuir hasta desaparecer, y mientras no llegue la siguiente ola no tienes por qué sentir más emociones.

Esa emoción puede llevarte a ejecutar una acción o no, dependiendo del nivel de consciencia que alcance o de su intensidad. 

Pero si nuestro equilibrio psico-emocional está dañado resulta que esa ola no desaparece sino que continúa creciendo hasta que nos ahoga, como un tsunami.

Nuestras emociones desequilibradas nos aplastan, nos arrastran y nos impiden mantenernos en calma y actuar coherentemente.

Y hablo de emociones desequilibradas y no de emociones negativas porque realmente una emoción es la respuesta a una percepción interna de la realidad que nos lleva a ejecutar una acción, por lo que en sí mismas no tienen nada de malo o de bueno.

Pueden estar equilibradas y fluir armoniosamente en nuestro interior permitiéndonos actuar adecuadamente en cada momento.

O bien estar desequilibradas y por su exceso o su falta nos atascamos en una forma emocional que colorea todo nuestro comportamiento.

Desde mi visión integral no hay emociones positivas ni negativas pues cada una existe por y para algo y aunque socialmente nos enseñan que es bueno sentir unas y malo sentir otras es, evidentemente, un error muy grave que nos pasa factura a todos.

Como mujeres nos han dicho que no debemos sentir rabia y a los hombres les dicen que no deben llorar… como si las emociones se pudiesen evitar…

De modo que catalogar las emociones como buenas, apropiadas o permitidas o justamente lo contrario es neurotizar el comportamiento natural del ser humano y de muchos animales.

 

Emociones o vibraciones

 

Ahora bien, parece ser que cada emoción vibra en una frecuencia diferente, de modo que ciertas emociones tienen una vibración más alta y otras emociones más baja… creo que puedes imaginar cuáles son, ¿verdad?

Efectivamente el amor y todas sus emociones asociadas tienen una vibración elevada, más sutil, que nos hace sentirnos mejor y el miedo, en el otro polo, parece que vibra mucho más lento y pesado, lo que nos hace sentirnos peor.

Pero si el miedo existe para ayudarnos a salir pitando de un lío serio no nos vamos a quejar, ¿verdad?

Imagínate que si te ves enfrente de un autobús en la carretera no sintieras el pánico que te obliga a dar un salto bestial para no ser atropellada… en esa situación no nos va bien sentir todo el amor del mundo por el autobús y quién lo conduce, ¿no crees?

Gracias a nuestro miedo podemos salir sanas y salvas de una experiencia como esa. Por muy bajo que vibre, nos interesa sentir miedo cuándo se requiere.

Pero no todo el rato. Como te decía antes la emoción surge, se expresa, nos ayuda a actuar y después desaparece.

¿Pero qué pasa si no desaparece?

Pues eso, que vivimos constantemente en una vibración baja, densa, que nos hace sentirnos muy mal y llega a colorear todos nuestros actos, tiñendo nuestra vida de colores densos y oscuros que nos impiden estar bien.

Las 4 emociones que

menguan tus defensas.

 

Activa tus defensas emocionales conociendo las 4 emociones implicadas en la bajada de la inmunidad para equilibrarlas y sentirte sana, fuerte y coherente.

Seguro que te suenan de algo:

  1. Miedo
  2. Rabia (ira)
  3. Culpa
  4. Duda

Las 3 primeras forman parte de las emociones básicas del Ser Humano, que actúan muy desde lo profundo de nuestro inconsciente y con las que establecemos respuestas automáticas y roles de relación social.

Las sentimos porque tienen una función:

    1. El MIEDO: nos protege y permite que nos mantengamos a salvo de potenciales eventos destructivos. Es la emoción de la HUIDA (física o metafóricamente hablando).
    2. La RABIA: nos permite defendernos de los peligros generando energía extra para afrontarlos LUCHANDO, (usando nuestros puños físicos o verbales…).

Es posible que ya conozcas estas dos emociones básicas porque son las reacciones automáticas de lucha/huida procedentes de nuestro Sistema Nervioso Central a través de nuestros sistemas Reptiliano y Límbico que distribuyen las órdenes del estrés en nuestro cuerpo y nos preparan para hacer frente a los retos diarios.

    1. La CULPA: nos mantiene a salvo al evitar que cometamos errores en nuestro comportamiento social.

Es una emoción que está relacionada con los vínculos sociales y afectivos: con la culpa se puede manipular el comportamiento (de los niños, por ejemplo, y mantenerlos seguros dentro de los límites familiares) y ejercer control social.

 

    1. La DUDA: aunque es una variación del miedo la quiero incluir aquí por el momento colectivo que estamos viviendo y porque bloquea directamente la fuerza vital que te permite actuar.

Si bien su función debería ser ayudarte a discernir mejor, está vinculada a la baja autoestima y a los pensamientos machacones y permite que se te cuele cualquier idea ajena.

Por lo que puedes ver estas emociones tienen una razón de ser y perseguir anular alguna es ir en contra de ti misma.

Recuerda que no expresar una emoción no significa que no la sientas y muchas veces el nivel de consciencia que tenemos sobre nuestras emociones no nos deja reconocer lo que sentimos, lo que lleva directamente al sufrimiento emocional.

Lo correcto para que no te hagas daño es reconocerlas, aceptarlas, equilibrarlas y poder sentir cuando afloran, crecen, se desarrollan y una vez “usadas” menguan hasta desaparecer.

Eso te permite sentirte coherente, serena, centrada y abierta a lo que la vida tiene para ofrecerte.

Y te sentirás más fuerte, mejor en tu cuerpo y tus defensas jugarán a tu favor.

Porque nuestro Sistema Inmunitario baja a plomo en el momento que sentimos constantemente una de estas emociones, aunque la peor es el miedo.

Hay suficientes evidencias científicas que demuestran cómo sentir miedo baja el número de linfocitos y nuestras defensas dejan de estar operativas para atender las necesidades corporales.

Sentir miedo constante te mantiene en un estado de estrés crónico que lleva a enfermar y a ser mucho más vulnerable ante circunstancias de contagio como la actual.

Contagio emocional

 

Pero además déjame hablarte del contagio del mismo miedo.

Sí, las emociones se contagian. O se comparten si quieres decirlo en positivo.

¿Cuántas veces estabas tú tan pichi y ha llegado alguien (pareja, hijos, jefe, madre, amiga…) con un soberano cabreo que no tenía nada que ver contigo y a los pocos segundos ya estabas sintiéndote irritada, molesta e incluso encabronada con el mundo?

O cuando alguien llora delante de ti, ¿enseguida sientes nudo en la garganta o peso en el pecho mientras no puedes hacer nada ni por la otra persona ni por ti misma, presa de una emoción que te embarga y que no es tuya?

O, ¿te has encontrado alguna noche preocupada, dando vueltas al problema que te acaban de contar por teléfono justo después de cenar? Vaya miedo si (ese familiar, ese amigo…) tiene la enfermedad x y no se puede curar…

‘Sheila, pero eso es natural’, me dirás.

Sí, es natural. Pero no te ayuda para nada. No son tus emociones, son prestadas. Y si no dominas las tuyas como para dominar las que no lo son…

Parece ser que hay 2 razones científicas para sentir en ti las emociones ajenas, quizás estén relacionadas entre sí o quizás sea una más cierta que la otra, pero has de saber que todas las personas somos susceptibles de recibir la información emocional de otra persona sin poder evitarlo a través de:

      • Las neuronas espejo:

Que nos facilitan la empatía ya que no solo nos llevan a imitar los movimientos que vemos en el otro sino también por su conexión con el sistema límbico nos llevan a sentir lo que siente el otro.

 

      • La resonancia vibratoria:

Somos una entidad energética, cada célula de nuestro cuerpo vibra a una frecuencia y las emociones son frecuencias vibratorias que entran en resonancia, ampliándose o disminuyendo, como cualquier otra vibración.

Por eso podemos sentir la vibración emocional del otro con el que entramos en resonancia aún sin querer.

En cualquier caso, haya explicación científica o no, estoy segura de que has experimentado este contagio emocional innumerables veces en tu vida, e incluso lo has fomentado:

¿Recuerdas cuándo llegas a tu grupo de amigos con los que has quedado para pasar un buen rato y se incrementa el contento que llevas solo por ver y sentir el contento de los demás?

Aunque no hayas sido consciente de ello, has actuado para sentirte así, para vibrar con ellos…

Y esto pasa también con las mascotas: seguro que has sentido o has visto cómo los animales de compañía “contagian” sus emociones a sus dueños y viceversa… es algo evidente y constatable.

Y también sabes de sobra cómo las oleadas humanas son presa de unas emociones “colectivas” que se contagian más rápido que cualquier microbio.

Bueno, pues dime, si no puedes bregar con tus propias emociones, ¿cómo salir del embrollo emocional que surge cuando te juntas con otra persona que tampoco puede bregar con las suyas?

Pues mal, la verdad.

¿Qué hacer para mejorar esto?

Pues poco podemos hacer si no aprendemos a distinguir lo propio de lo ajeno. ¿Sabías que de eso se encarga el Sistema Inmunitario? De discernir qué “es YO” de lo que “no es YO”.

Por eso el aprendizaje emocional es necesario para reconocer tus emociones y separarlas de las que sienten los que te rodean.

Y reforzará el funcionamiento de tus defensas físicas, emocionales y mentales, haciendo que te sientas más fuerte y mejor contigo misma.

Los 2 primeros pasos para empezar a equilibrar tus emociones por ti misma

 

Activa tus defensas emocionales iniciando el camino de la salud integral con estos 2 sencillos pasos:

1. Acepta y date permiso para cambiar

Es el primer paso para avanzar en cualquier mejora. Aunque no puedas ni poner nombre a lo que te pasa, te pasa algo y quieres cambiarlo. Para hacerlo date permiso.

No te sientes así para perjudicarte, sino porque desconoces cómo sentirte y hacerlo bien, para sentir bienestar.

Mientras aprendes permítete aceptar lo que te está pasando y aceptar que lo puedes cambiar. Aunque no sepas aún qué o cómo hacer ese cambio.

Puedes empezar por darte tiempo para dedicarte a ti misma un poco de atención consciente.

Eso no significa que te tengas que sentar a observarte sino que decidas que vas a prestar atención a tus emociones e incluso llevar una anotación de ellas si ves que eso te ayuda a no despistarte de ti misma.

    1. Cuando reconozcas tus emociones no te sientas disgustada contigo misma por sentirlas o por sentirlas exageradamente, o por estar siempre reaccionando con unas más que con otras… simplemente acepta lo que sientes.
    2. Permítete el proceso que lleva conocerte mejor y asumir los cambios que vas a tener que realizar para equilibrarlas. Date tiempo y espacio.
    3. Permítete aprender a diferenciar cuándo sientes una emoción propia o cuando es ajena y déjala partir sin más y sin culpa alguna: no puedes hacer nada con lo que no te pertenece.
    4. Decide cuánto tiempo vas a dedicar a leer, ver o escuchar a las personas o a los medios que bombardean nuestra mente con todo tipo de información tóxica ante la cual nos sentimos impotentes por la propia ingeniería social que estamos recibiendo.

Mi recomendación es que evites los medios todo lo posible, de las cosas necesarias para el día a día te vas a enterar de sobra por quienes te rodean.

De igual manera que evitas intoxicar tu cuerpo, evita intoxicar tu mente.

Solo podemos actuar en nosotros, no fuera de nosotros mismos; de modo que tu acción será siempre más eficaz si la diriges hacia lo que puedes cambiar, que eres tú misma.

 

2. Relájate.

No, no es una broma. La tensión psico-corporal por acumulación de “tsunamis” emocionales se libera poco a poco si te relajas.

Nada se puede conseguir con un estado de tensión crónica.

Relajarse no es volverse inactiva, incapaz o pasiva ante las cosas que debes hacer en tu día a día, quiere decir que podrás soltar la tensión cuando no la necesites.

Una característica del estrés crónico es no poder soltar la tensión fruto de nuestras emociones y pensamientos excesivos.

La tensión física, emocional y mental es un exceso de acción porque estamos polarizadas hacia uno de los polos de la vida, que en sí misma es un movimiento alterno entre los dos opuestos: acción-no acción.

De modo que para que la vida fluya tenemos que sentir momentos de acción y momentos de no acción.

Si nos pasamos todo el día y la noche “haciendo”, actuando, ejecutando, la vida no fluye. Estaremos bloqueadas.

Punto pelota.

Por tanto aprender una sencilla práctica de relajación puede hacer que tu vida vuelva a fluir.

Sin más.

Puedes volver a fluir con los movimientos básicos de tu Ser y tener momentos donde estarás activa y momentos donde estarás pasiva.

Ya sabes que esa pasividad es también relativa porque tu cuerpo aprovechará para regenerarse, tu corazón para expandirse y tu mente para aclararse.

Son los beneficios más inmediatos que experimentarás cuando te relajes y los que te permitirán aprender a manejar el equilibrio de tus emociones.

Las Técnicas de Relajación

 

Son herramientas internas que no necesitan de nada más que tu decisión de hacerlas.

 

Tus 5mn de relajación:

Te explico la más sencilla que puedes hacer para que nada te impida tener tus 5mn de relajación diarios:

Escoge qué momento del día te va mejor para estar sencillamente parada durante 5mn.

Sé que con trabajo, hijos, padres, pareja, mascotas, casa, amigas, familia o vecinos te resultará difícil… pero son ¡solo 5 MIN!.

Escúchate, tu corazón tiene la respuesta a esta sencilla pregunta: ¿a qué hora me va mejor relajarme?

Puede ser antes de levantarte de la cama, después de comer sentada en la silla de la cocina o del comedor (pero antes de recoger la mesa), o por la noche antes de acostarte (incluso lo puedes hacer sentada en el borde de la cama…).

Escoge tu tiempo según tu nivel de energía y disponibilidad, no pienses que relajarte nada más levantarte de la cama es una tontería porque a muchas personas les viene genial para comenzar el día con otro color emocional.

Bien, ya los tienes.

Ahora:

  1. Ahora solo siéntate, cómoda pero sin curvar la espalda (vale tumbada con los pies en alto).
  2. Tómate el pulso, en la muñeca, en el cuello, la sien o en cualquier sitio donde lo encuentres latiendo… y siente su latido.

Solo eso. Siente cómo late tu CORAZÓN.

  1. Solo respira, no hagas nada más, no cambies tu respiración, no es un ejercicio respiratorio, no es nada. Solo respirar.

Es un placer respirar.

Sentir el aire entrar.

Sentir el aire salir.

Nada más.

Es un placer respirar.

  1. Nada más, solo sentarte tomándote el pulso mientras respiras durante 5min.

Si te gusta y quieres, nada te impide repetir esta práctica más veces al día o bien practicar durante más tiempo seguido, 10 a 20 mn… los que quieras y puedas.

Si lo pones en práctica por favor dime qué pasó después de una semana de practicarlo. Quizás te sorprendas, pero yo no.

Sé que es eficaz. Activa tus defensas emocionales.

 

Bien, esto es todo por hoy.

En el próximo post te hablaré de remedios naturales de acción emocional para que puedas apoyarte en ellos y recorrer aún mejor tu camino para el equilibrio emocional.

Pero siempre funcionarán mejor si ya estás dando estos 2 pasos: el permiso y la relajación.

 

Si tienes cualquier pregunta estaré encantada de contestarte. Mientras tanto se feliz.

Namasté.

Sheila Minguito.

 

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